Sociales - Liceo Matías Ramón Mella

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Sociales

4.ÁREA DE CIENCIAS SOCIALES  4.1. DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA DEL ÁREA DE CIENCIAS SOCIALES.

Por Ciencias Sociales se entiende el conjunto de disciplinas que como la

Antropología, la Historia, la Sociología, la Economía, la Geografía, intentan

explicar la realidad social. Ellas son el producto del esfuerzo de los seres humanos

por comprenderla y actuar sobre ella.

Los seres humanos han existido y existen en agrupamientos o colectividades. El

concepto que las Ciencias Sociales utilizan para designarlas es el de sociedad.  Las sociedades se organizan de cierta manera, las personas y los grupos

desarrollan ciertas prácticas, establecen determinadas relaciones, crean

instituciones, generan sentidos, valores y símbolos, interactúan con la naturaleza.

Es decir, desarrollan una específica dinámica social en el proceso de producir la

vida.

Estas colectividades son un producto de la acción de los seres humanos, es decir,  son un producto histórico. Son los seres humanos los que, en condiciones

específicas, constituyen sus agrupamientos con determinadas características. Al

mismo tiempo, sin embargo, en la medida en que los seres humanos nacen y se

desarrollan en una determinada colectividad, son también un fruto de ella. Son

productos y productores de las sociedades.

En este proceso de construcción histórica los seres humanos han ido también

elaborando explicaciones de los diferentes aspectos constitutivos de la realidad

social, por ellos producidos.

El conjunto de factores que conforman la realidad social constituye el objeto de

estudio de las Ciencias Sociales.

4.1.1. Evolución Histórica del Pensamiento Histórico­-Social

Ahora bien, la forma como se ha explicado y el tipo de pensamiento en función del

cual se ha pretendido dar cuenta de la realidad social han cambiado en el tiempo.  Así como las sociedades se han ido transformando como producto de la acción

histórica de los seres humanos, así también, y en razón y/o corno parte de estos

mismos cambios, ha ido transformándose la explicación de los fenómenos

sociales.

Al igual que ocurrió con otras áreas del saber, la primera manera como los seres

humanos comprendieron y se explicaron la dinámica social lo constituyó el

pensamiento mágico­religioso. Como se sabe, para este tipo de pensamiento la

“causalidad”, es decir, aquellos factores que condicionan o hacen posible la

existencia de los fenómenos o causas, son siempre externos a la propia dinámica

social. Esto así en razón de que para este tipo de pensamiento la realidad socio­ natural, toda la realidad del mundo, es entendida corno un producto de fuerzas o

seres externos a la historia humana. En consecuencia, la dinámica social o

procesos sociales sólo pueden tener por “responsables”, sólo pueden ser

causados por estas fuerzas o seres, a saber, los dioses. Se tiene aquí, por lo

tanto, una forma de explicación alejada de lo que hoy se considera explicación en

Ciencias Sociales, motivada, sin embargo, en el esfuerzo humano de comprender

y comprenderse.

Los griegos por su parte hicieron aportes importantes con respecto a la explicación

de la realidad social desde la perspectiva y al interior de la reflexión filosófica de la

época. En consecuencia, estos autores privilegiaron expiaciones de lo social de

corte esencialita que dificultaba captar el carácter histórico de los fenómenos

sociales y los entendían y explicaban en razón de la “naturaleza esencial de las

cosas” cuyo desenvolvimiento determinaba los acontecimientos. Por demás, la

mayor preocupación se concentraba en descubrir el “deber ser” del

comportamiento de los seres humanos de manera que se propiciara el arribo a la

“vida buena” marcada por la virtud. Así las cosas, esta preocupación provocaba

una concentración político­moral en sus reflexiones. La República de Platón y la

Política de Aristóteles son dos expresiones fundamentales de estos aportes.

El esfuerzo de explicación de la realidad social realizada en las categorías de la

reflexión filosófica continuó en la mayor parte de la Edad Media, dominada

además, corno es conocido, por un tipo de pensamiento teológico que se

explicaba el mundo y, por tanto, la realidad social en función y desde el punto de

vista de la verdad revelada. La concentración en la búsqueda del dato revelado”

impedía un ejercicio autónomo de la razón que pudiera orientarse a esfuerzos

explicativos según una lógica diferente. Se mantenía en muchos aspectos tanto

una explicación de la dinámica social en razón de elementos externos a ellos, y de

igual modo fundamentada en la existencia de esencias eternas que se

desarrollaban en el mundo produciendo los fenómenos que en él ocurrían.

Sin embargo, como es conocido, en este proceso histórico se va produciendo una

concepción de la razón, alternativa a la predominante hasta ese momento. La

razón empieza a ser considerada, específicamente por los pensadores del siglo

XVII, corno capaz de someter todo a revisión y duda. Pensadores como

Descartes. Spinoza, Leibniz, Bacon, Hobbes y Locke, hicieron aportes importantes

en esta dirección. La Ilustración es deudora de estos aportes. Los filósofos

ilustrados afirman la autonomía de la razón y se esfuerzan por producir

explicaciones que postulan ‘la razón crítica’ como referencia fundamental de

cualquier elaboración explicativa. Los filósofos ilustrados recibieron además la

influencia de as jóvenes Ciencias de la Naturaleza cuyo éxito en la explicación del

mundo natural era cada vez más conocido.

De esta manera se produce una confluencia entre dos corrientes de pensamiento:

la reflexión de los ilustrados; una racionalidad crítica, que asume la razón como

guía del descubrimiento científico, y la decisión de atenerse a la lógica positiva de

los hechos.

El aporte de la Ilustración a la constitución de las Ciencias Sociales es invaluable,

y tiene como una de sus insistencias centrales la afirmación de que razón y

observación deben combinarse para el conocimiento, explicación y transformación

de la realidad social. Esto significa una transformación radical en la manera de

pensar de la época. Sobre la base de esta tradición intelectual es que en el

contexto de la Revolución Industrial irrumpe en la diversidad de las disciplinas de

las Ciencias Sociales. La pretensión es tanto la comprensión de las

transformaciones que se estaban produciendo en la sociedad como la incidencia

para otorgar direccionalidad a esos cambios.

La intuición, venida de la Ilustración, que guía las pretensiones anteriores es el

convencimiento de la posibilidad de comprender la dinámica social a través de

descubrimiento de las byes (o tendencias) que rigen el desenvolvimiento social,

vía la combinación de razón y empírica. La pretensión de explicación social pasa

ahora a la búsqueda de factores existentes en la propia dinámica social, según la

sentencia sociológica: explicar lo social por lo social. Cornte, con su Física Social

es siempre una referencia significativa de estos inicios, sus límites y sus

tendencias.

En ese sentido, las Ciencias Sociales parecen haber recorrido la trayectoria de las

ciencias en su conjunto, siendo hasta el siglo XIX que se produce una apertura al

estudio del quehacer humano buscando seleccionar segmentos de la realidad

socia’ que permitieran reconstruir el “hecho” de tal suerte que se requirió de una

exposición “ordenada”, episódica, de los movimientos históricos. Las Ciencias

Sociales lucieron así, un sello positivista.

Un aporte significativo a las Ciencias Sociales, en ese siglo, lo constituyó la

conducción al estudio de coyunturas sociales, económicas y políticas con base en

la erudición crítica de la escuela francesa de los anuales, la cual presenta un

discipulado latinoamericano a tomar en cuenta.

Con la escuela de los anuales las Ciencias Sociales fueron marcadas por el

historicismo; influenciados más tarde por el psicoanálisis y el estructuralismo

antropológico y lingüístico.

En el mundo occidental, el pensamiento social fue perneado por la noción de

“historia global que pretendía analizar bis a bis los avances sociales, económicos,

políticos y culturales de la sociedad, produciendo una especie de análisis

fragmentado del tiempo histórico.

En el siglo XX y por la restauración del valor teórico y político del objeto de las

Ciencias Sociales, realidad social, por uña concepción que culminó con una

historización de estas ciencias, el marxismo, ha sido eje del debate.

La gnoseología que opone el idealismo y el materialismo se agregará a las

divergencias sobre el método de las Ciencias Sociales en los primeros años del

siglo. Conduciendo esto, a una reflexión crítica en occidente, sobre todo en la post

guerra, y a una postura dogmática del paradigma marxista en el bloque socialista

europeo, asiático y menos intensamente en Latinoamérica.

En otro esquema de explicación, el método de las Ciencias Sociales presenta una

reedición de la búsqueda de orientaciones típicas de las ciencias naturales en el

interaccionismo de la Escuela de Chicago, por un lado. Y una revisión post­ positivista que parte del principio de que “... la epistemología de la ciencia no

determina los temas particulares a los que se aplica la actividad científica de una

disciplina científica dada”1

El fin de siglo presenta la dificultad metodológica no resuelta de las Ciencias

Sociales, que es atribuido a una simple crisis de paradigma, por algunos, pero que

requiere de la reconstrucción teórica de las Ciencias Socia]es a partir de las

preguntas de trascendencia sobre la práctica social del ser humano hoy.

Así, lo que se llama Ciencias Sociales constituye un instrumento para la

comprensión y explicación acerca de cómo ocurren los procesos sociales, sus

características, sus reyes y/o tendencias de manera que se pueda intervenir

transformadoramente en ellos. Estas ciencias han sido históricamente producidas

y expresan la diversidad de las concepciones que cada autor tiene acerca de la

cuestión social. Si bien la existencia de escuelas diversas es propio de las ciencias

en general, es particularmente relevante en el caso de las Ciencias Sociales en

razón de las características específicas del objeto que estudia, y de las relaciones

de implicación que el investigador social establece con el mismo, en pretensión de

explicarlo.

 


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